La cifra más incómoda del año en IA viene del MIT: alrededor del 95 por ciento de los proyectos piloto de GenAI en las empresas no logran ningún efecto medible en los resultados. El cinco por ciento restante, en cambio, sí entrega – a veces de forma drástica. Hablemos de ese cinco por ciento.
El estudio («The GenAI Divide», 150 entrevistas, 350 encuestados, 300 implementaciones analizadas) muestra un patrón claro: casi nunca falla la tecnología. Falla el cómo se utiliza. (Fuente: MIT NANDA vía Fortune)
Lo que el 5 % hace de otra manera
Empiezan por el proceso, no por la herramienta. Según el MIT, los grandes efectos no están en el frontend de marketing, sino en el back-office: flujos que hoy son caros, lentos y repetitivos. Justo ahí la IA deja de ser juguete y se convierte en palanca.
Compran y se alían, en vez de construirlo todo en casa. Las soluciones especializadas adquiridas tuvieron en el estudio aproximadamente el doble de éxito que los desarrollos propios. El orgullo no es un principio de arquitectura.
Miden. Quien no tiene una línea base no puede demostrar progreso – y será recortado en la próxima revisión de presupuesto. El 5 % define de antemano qué significa el éxito en euros, horas o tasa de errores.
Y capacitan a las personas. Los chatbots genéricos fracasan en la empresa porque no conocen los flujos de trabajo. La diferencia la marca la gente que entiende ambas cosas: el proceso y la tecnología. Justo a esas personas las formamos nosotros – con un proceso real de su propia empresa como proyecto de examen.
«Jugar puede cualquiera. Crea valor quien domina la IA en el proceso.»
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